24 abril 2006

San Jorge

Te regalo un día de la vida que no tendremos, un amanecer en un ático, un cuerpo de niña (de 14 años) abrazado a un cuerpo de niño (de 13 años) bajo un par de mantas, sobre el suelo de una terraza, rodeados de cervezas y un cenicero negro lleno de colillas. Te regalo algunos besos bajo un sol aún bajo y diez dedos de niña enredados en un pelo tan denso que podría ser rojo. Te regalo algunas risas, algunas cosquillas, el juego de la madrugada en una terraza llena de botellas vacías. Y una mañana jugando al paddle con un par de amigos mientras ella duerme (apenas saciada) entre las sábanas de una cama recién estrenada. Y un baño en una piscina, él sudoroso del partido, ella recién despertada, cuando el sol está ya tan alto que les abrasa la piel demasiado sedienta, demasiado pálida. Te regalo una comida informal en una terraza (cecina, pan recién hecho, ensalada de tomates, más cerveza), un café con los amigos, una partida de mus a media tarde. Y una película para dos o para seis o para cuatro y tres pizzas en un horno y un par de copas en un ático antes de cambiarse de ropa, él camisa negra, ella botas altas, y salir a tirar unos dardos. Y más cervezas y algo de música, la música de siempre, la banda sonora de tantas noches sonando tan cerca… y alguna broma, alguna carcajada, alguna barbaridad soltada al aire, alguna palmadita en la espalda, algún amigo que se va pronto, algún amigo que llega demasiado tarde… y dos niños que encuentran alguna esquina en la que perderse antes de volver a casa.

13 abril 2006

absurdo

Él dice: "el amor nos hará libres"
Ella dice: "sólo es libre quien no ama a nadie".

09 abril 2006

bébete tu café

Bébete tu café, y abre el periódico, e intenta discernir entre la verdad y la mentira a las siete y cuarto de la mañana. Si puedes, entonces ya estás preparado para agarrar el ascensor, bajar hasta el parking, arrancar tu coche e introducirte en la negra corriente metálica de la carretera. Todos los semáforos parecen estar en rojo, y nadie parece haber cogido esta mañana el transporte público. ¿Llegas tarde?. Quizás te despidan. Una mirada rápida en el retrovisor. Huyes de tus propios ojos. Es demasiado temprano para todo eso.

Bébete tu café, y despliega tus tareas en el escritorio de tu ordenador. El teléfono suena y todas las luces son rojas. Hay que hacer balances, presupuestos, notificaciones, consultas y otras muchas formas de denominar a las mentiras profesionales. Así que no mires demasiado el reloj, porque sabes que el segundero siempre cae demasiado despacio.

Bébete tu café y tira al bidón de basura reciclada correspondiente tu comida plastificada y tu manzana a medio comer que nunca supo a manzana. Orina en un wc tan limpio que parece diseñado por la NASA, y observa tus ojos rojos en el espejo hasta que el ruido de la puerta te avise que alguien más ha entrado. Saluda, esboza una sonrisa, y finge que tienes prisa, mucho trabajo, estás muy ocupado, todos lo estamos. Sal corriendo hasta tu puesto y no dejes de saludar durante todo el trayecto, ni un sólo momento.

Bébete tu café y apura las horas extra que te quedan hasta volver a casa, porque sabes que en casa no te necesitan. Tienen exprimidoras, tienen aire acondicionado, tienen pantallas de plasma y tienen un robot que puede bailar como Michael Jackson. Tienen formas de saber el tiempo en Sri Lanka, y tienen formas de conocer qué está haciendo ahora mismo Rosie O´Donnell, porque ésta ha instalado en su preciosa casa dieciocho web-cams. Tienen psicólogos profesionales, y tienen medicaciones personalizadas, y tienen tarritos de colores para llevar las pastillas que han sido diseñados por Yves Saint Laurent. Tienen sofás que obedecen a la voz humana, cortinas que se corren y se descorren según la luz, y cuadros que cambian de colores según la estación del año. Tienen videojuegos en los que puedes matar a ése compañero de instituto al que siempre quisiste matar, y pistolas para disparar a terroristas árabes que siempre quieren acabar con toda tu familia. Tienen lentillas de colores, y asistentes de imagen, y dietistas y entrenadores personales, y muchas más cosas de las que nunca en la vida hubieras podido llegar a imaginar. Te tienen a tí, entre todo eso. Pero todavía no te tienen en cuenta, porque saben que no llegas hasta las diez y media, después del programa de Terry Swanson, justo antes de Confesiones, justo a la misma hora que suele llegar el camión de la basura para recoger vuestros catorce kilos diarios de desechos.

Bébete tu café, y después trágate tus pastillas antes de dormir. Quizás esta noche puedas dormir un par de horas.


Encontrado por Madiel Bargeld

06 abril 2006

La belleza como síntoma


La belleza como síntoma, algo parecido a la fiebre que te da cuando estás lejos de casa y no tienes dinero ni zapatos que hacer chocar tres veces. Desorientada en una habitación de hotel que no tiene más posibilidad que la de abrir o cerrar la puerta. Si te fijas bien puedes comprobar que ni siquiera hay televisión y por suerte alguien ha robado, perdido o tirado el cenicero. No vas a fumar porque eso supondría necesidad y tal vez un mechero o una caja de cerillas de esas con propaganda de un sitio al que no puedes ir. El decorado se limita a una cama escogidamente deshecha y un espejo que alguien ha puesto allí para devolverte diferentes planos de ti misma. Por extraño que parezca estos detalles llegan a aburrir si tu modo de vida se limita a una determinada postura frente al mundo. Y echas de menos algo tan sencillo como cambiar de ropa o beber café y sabes que no, que mientras sigas ahí debes asumir que el hecho de pertenecer a una fotografía te impide recogerte el pelo, beber agua o sentir frío. Esa eres tú, la que rechaza la lluvia y no puede olvidar la humedad del otro. Una imitación para el deseo del pronto, tal vez, alguien se de cuenta de que tengo sed y ganas de comprobar que los relojes giran. Temblando y pasando páginas de un libro que habla del cambio climático y la irresoluble situación de un pequeño grupo de pingüinos, te das cuenta de lo estúpido que resulta sentirse observada, descartada, sometida al bolígrafo del voyeur de quince años. En alguna parte la ciudad se manifiesta espiral y suceden periódicos impresos que hablan de la escasez, del exceso de la prostitución mediática y la necesidad de que cese la especulación. Y tú allí sentada, en la ubicación más imprecisa de una ciudad que ofrece descuentos y servicio de habitaciones a través de los armarios. Qué poco tiene que ver contigo un desastre futuro, una proclamación, un aborto. Tú que no te correspondes, que no habitas una superficie concreta, tú que eres la página 32 de una revista piensas:

Y que la espera del amor se parezca tanto a un recortable.


Encontrado por Pauline Drôme